Thursday, July 31, 2008

Reencuentros

Cuando se produce un reencuentro entre dos personas que hace mucho tiempo que no se ven, no se sabe qué puede pasar. Hay que barajar todas las posibilidades de acción y reacción – cosa que S nunca hace porque le fascina el qué pasará; ese gusto por la sorpresa que deparará el futuro… (Habría que descartar los reencuentros con personas predecibles, pero esto lo dejaré para otro momento. Entrada a la que titularé "Momento Frutigram o Cita con el dentista") -

Puede que sea un encuentro realmente grato, sincero, en donde las frases se superpongan todo el tiempo por el ansia de contarlo todo de una vez y se produzca un ejemplo maravilloso de semiosis ilimitada (y Eco haría una fiesta semiótica) … o…

O puede ser dulcemente distante,
como si fuera una entrevista. “Tengo la sensación de que no te conozco…¿Seguro que querías verme? Casi hubiera pensado que en verdad no querías”.

O puede ser explícitamente psicópata:
S - ¡Hola! ¿Cómo estás?
S intergaláctica- Bien S… estoy muy bien. Muy bien. ¿No te das cuenta de que estoy muy bien?
Ahí saca una metralleta invisible y me dispara sin ningún tipo de piedad. Y ahí quedo yo, convertida en un pilón de agujeritos en la puerta del cine Goumont, en el kmO de la ciudad de Buenos Aires. Estoy tan agujereada que ni puedo sostener los auriculares, con los que hace unos instantes escuchaba Jesuscristo Superstar.
(Jesuschristttt ….Jesuschrissstttt…cantaba el coro antes del encuentro diabólico)
Yo no lo puedo creer… Sigo siendo una montaña de agujeros y encima con una boca que dice OH quién miércoles me mandó a hablarte si yo estaba feliz escuchando…ah quizás haya sido Dios, aún molesto porque alguien escribió una comedia musical que se convirtió en un éxito de taquilla y el vaticano nunca recibió el dinero de las ganancias - aquí habría que barajar todos los motivos posibles por los cuales un dios, y en particular el dios cristiano (bueno llamémosle Dios y listo, total casi todos dan por obvio que están hablando de este dios en particular y no de otro) puede enojarse, pero esto... la verdad que no me interesa en lo más mínimo, por mí que se enoje y nos castigue y nos pegue (y nos llame Marta...) (ay por dios!)

Y entonces Dios me habló por los auriculares y me dijo : “es sólo una mujer resentida”

O puede ser tal cuál lo habíamos imaginado:
aclaratorio, como una nota al pié.
- Cuando pasó X, ¿a vos te pasaba R o te pasaba Q?
-… no…¡cómo R! Nada que ver… lo que pasa es que yo me imaginé que vos pensabas que a mi me pasaba R… por eso me enojé.
- Ah… ves…esto pasa por no hablar claramente.
- Obvio. Últimamente dudo de que se pueda hablar directamente… Digo, hablar y decir algo de verdad, algo que uno sienta…Creo que la claridad y el hablar no van (segunda fiesta semiótica de Eco)

Antes de encontrarme con Mnk pienso…
¿Cómo me percibirá? ¿Me verá muy distinta? Han pasado cinco años. Yo tenía veinticinco años entonces. Seguro que me va a encontrar mucho mejor… desde todo punto de vista. Ella me debe recordar con los ojos tristes, como los tenía yo en aquellos tiempos. Siempre estaba tan triste… Seguro que me va a decir:
“Se nota que tienes unos años más…”
(Lo dijo. Yo sonreí y asentí con un movimiento de cabeza)
(…)
Mnk -… S, tienes muchos pensamientos cristianos ¿ qué te ha pasado?
S - … ¿En serio me lo decís?
Mnk - Si, lo digo en serio.
S - ¿Tanto se nota?
(…)
S - ¿Te acordás de las setas? En Madrid me hice adicta a las setas. Vos fuiste la culpable.
Mnk - No… no me acuerdo.
(...)


Qué alegría volver a verla.

Menos mal que cuando acaba el efecto, cuando Baco nos abandona en mitad de la madrugada, nos habla Dios y nos murmura algo al oído.





(-“es sólo una mujer resentida…
y lo seguirá siendo en cada ocasión que te vea.
Y ya no habrá sorpresa

y ya no querrás reencontrarte”)

(Yo sonreí y asentí con un movimiento de cabeza)

Monday, June 09, 2008

Autorretrato/Familia de muñecas I


Dado que ha pasado tanto tiempo desde mi última publicación, decidí sorprenderlos publicando este hermoso autoretrato y compartiendo el siguiente extracto de "Familia de Muñecas"...

(...) Por este motivo decidió cortarse el pelo, para aparentar ser mayor. Aparentar ser mayor le ahorraría algunas dificultades.
Fue todo un cambio, un verdadero shock. Pero no fue de golpe. Primero pasó de llevarlo por la cintura -no, mucho más que la cintura- a la altura del pecho. Este paso no fue tan traumático. Lo peor vino después.
Ella se cortaba el pelo a sí misma – mucha gente se corta a sí misma – Entraba al baño y tomaba las tijeras de peluquera de la bolsa transparente que colgaba a un costado de la puerta. Se miraba fijo en el espejo; se hacía la raya al medio y separaba el pelo en dos. Cortaba cada parte por separado pero inmediatamente comparaba una con la otra. No era necesario disimular su tendencia a lo simétrico, menos aún en estos momentos.
Por supuesto, esto no era una tarea fácil. Lo hizo una vez, luego otra, luego otra y así, lo que en un principio no era más que una simple decisión estética, se volvió una adicción descontrolada. Todos los días sentía la necesidad de cortarse el pelo. Un poquito más hoy; este mechón más corto; un rebajado en esta parte; un flequillo. Aquí comenzó el verdadero desmoronamiento. ¡Un flequillo! Un flequillo con el pelo semilargo imposible; parecería una nenita otra vez… Menos mal que existen las orquillas, que ni se ven.

Y llegó el día del corte final. Entró al baño y tomó las tijeras de la bolsa transparente, esa que seguía colgando a un costado de la puerta. Se miró fijo en el espejo; se hizo la raya al medio y separó el pelo en dos. Cortó cada parte, esta vez sin compararla una con la otra. Ya no tenía importancia. El placer no lo provocaba aquello que comenzaba a surgir en el espejo - el placer de la metamorfosis- El placer era otro, el placer era cortar…
Primero, las tijeras de peluquero; segundo, la navaja. Y la navaja por aquí, por allá. La navaja crujía cuando cortaba. Le parecía que el cabello sufría con cada tajo y ese grito minúsculo retumbaba en su cabeza como un tambor, pero continuó hasta alcanzar ese punto en que ya no tenía sentido seguir.
Ahora tenía el pelo corto, muy corto. Se le llenaron los ojos de lágrimas.
Podía seguir cortando. Pero no lo hizo. Ya había logrado afearse lo suficiente como para estar deprimida por unos cuantos meses.
Este fue el primer paso que ella dió en su proceso de renovación.
Le cambió bastante el carácter. Esto comprueba que los cambios exteriores repercuten en el interior.
(...)
Sus ojos, que en un comienzo eran celestes, se tornaron cada vez más claros, hasta que fueron tan claros que no se vieron más. Pero ella nunca perdió la vista.
(...)
Había otros momentos de sus vidas, los más perfectos e idílicos, en que amistad y noviazgo se superponían.
(...)